La gravedad de los desastres naturales, más que su frecuencia, es el factor que más influye en los flujos turísticos internacionales, lo que afecta gravemente a las economías en desarrollo. Según una investigación de la Universitat de les Illes Balears (UIB), que analiza datos de 143 países y registros de más de dos décadas, la magnitud del evento es clave para entender la vulnerabilidad de un destino. A diferencia de análisis anteriores que solo contaban el número de desastres, esta investigación explica por qué algunos países logran una rápida recuperación mientras que otros sufren daños económicos persistentes que dificultan su actividad turística en el largo plazo.
Foto tomada en el municipio de Amatrice, centro de Italia, luego del terremoto ocurrido en esta ciudad el 24 de agosto de 2016. El terremoto principal tuvo una magnitud de 6,2 y mató a 292 personas. Fuente: Adobe Stock
El estudio “Desastres naturales y flujos turísticos globales: factores de gravedad, vulnerabilidad y moderación”, publicado en la revista científica Tourism Management, analiza 27 años de datos sobre turismo y emergencia climática y desarrolla un nuevo modelo global para comprender cómo la gravedad de los desastres y factores como la distancia o los ingresos del país de origen influyen en las decisiones de los turistas.
El trabajo reúne datos de 143 países y más de dos décadas de registros de la Organización Mundial del Turismo y la Base de Datos Internacional de Desastres Naturales (EM-DAT).
En plena crisis climática, los investigadores han analizado cómo los desastres naturales afectan a los flujos turísticos internacionales, teniendo en cuenta la gravedad de estos fenómenos, según sean bajos, medios o altos en función de la población afectada y los daños humanos.
A diferencia de análisis anteriores que se basaban únicamente en el número de desastres naturales, este enfoque nos permite comprender mejor las razones por las que algunos países se recuperan rápidamente mientras que otros sufren pérdidas económicas significativas.
Los resultados muestran que los desastres más graves reducen significativamente las llegadas internacionales a destinos en desarrollo, que tienden a tener infraestructuras más frágiles y menos capacidad de respuesta.
Por el contrario, los países desarrollados muestran una mayor resiliencia e incluso pueden experimentar aumentos ocasionales en el turismo después de períodos moderados, gracias a una mejor gestión de emergencias o a una mejor percepción de seguridad.
La investigación también muestra que factores como la distancia del país de origen, los ingresos de los turistas o la presencia de una frontera común pueden amplificar o mitigar el impacto de un desastre en la demanda turística.
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UIB y coautor del artículo, Jaume RossellóExplica que el estudio demuestra que “no todos los desastres tienen el mismo impacto en el turismo y que la vulnerabilidad no es sólo física, sino también económica e institucional”.
“Comprender estas diferencias es esencial para diseñar políticas de recuperación más justas y efectivas”, advierte.
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad IIB y coautor del trabajo, María Santana Gallego.Añade que los destinos con mayor riesgo son aquellos que sufren intensamente los efectos de los desastres naturales, “por ello, es fundamental que estas regiones cuenten con apoyo internacional y estrategias de planificación adaptadas a sus necesidades reales”.
La investigación destaca la necesidad de que los destinos más vulnerables desarrollen estrategias específicas de preparación y adaptación ante eventos extremos, que se espera que sean cada vez más frecuentes debido al cambio climático.
El estudio ha sido realizado conjuntamente por investigadores del grupo de Investigación, Desarrollo e Innovación en Economía Internacional de la UIB, la Universidad de la Polinesia Francesa y la Universidad de Wellington (Nueva Zelanda).
