José Antonio Donaire. Fuente: Commons.wikimedia.org
¿En qué consiste su trabajo como comisario de Gestión Sostenible del Turismo?
Mi trabajo es coordinar actuaciones en el ámbito del turismo en Barcelona, una actividad transversal que afecta a muchos ámbitos del Ayuntamiento: movilidad, cultura, seguridad y desarrollo económico. Mi tarea principal es desarrollar una política turística que armonice estas áreas.
¿Cómo se coordina diariamente con tantas entidades públicas y privadas?
Una ciudad como Barcelona requiere coordinación interna en el ayuntamiento y, sobre todo, coordinación externa. El turismo afecta a restaurantes, alojamientos, intermediaciones y a ciudadanos que pueden ser trabajadores o vecinos que reciben impactos negativos del turismo. Mi papel es conciliar estos aspectos.
Esto crea mucho estrés, ¿me imagino?
La ciudad es resultado de las tensiones inherentes a los procesos urbanos y puede ser positiva si se gestiona inteligentemente, conciliando miradas y perspectivas para encontrar puntos de equilibrio entre el desarrollo económico y la vida cotidiana de los barceloneses.
¿Existe un consenso o diagnóstico común entre todos estos actores sobre el estado actual del turismo en Barcelona?
Sí, hay un amplio consenso en dos puntos: primero, que el turismo forma parte de la identidad de Barcelona y está arraigado en la dinámica de la ciudad; En segundo lugar, es necesaria una gestión activa para minimizar los impactos negativos y maximizar los impactos positivos.
Entremos más en detalles. ¿Qué fortalezas y oportunidades se descubren en este diagnóstico?
La fuerza principal es la vinculación del turismo a la estructura productiva de la ciudad. A veces se trata de un vínculo directo, por ejemplo el sector de Reuniones, Incentivos, Conferencias y Exposiciones (MICE) está estrechamente vinculado a sectores estratégicos como el médico, el tecnológico (Mobile World Congress) y el biomédico. Esto también puede ser indirecto: una sólida estructura turística permite que Barcelona sea la ciudad de Europa con conexiones aéreas directas con las ciudades europeas, lo que actúa como palanca del sistema económico. La fortaleza más importante no es el turismo en sí mismo, como actividad generadora de impacto económico, sino más bien el turismo como parte más del mecanismo económico que actúa como motor.
¿Qué puedes decirme sobre las oportunidades?
Avanzamos hacia un mundo en el que las ciudades, especialmente las ciudades globales, desempeñan un papel clave. Barcelona aspira a consolidar su posición como ciudad global que atrae capitales y exporta valores morales y políticos. El turismo nos ayuda en esta situación.
¿En cuanto a las amenazas?
La mayor amenaza es la dificultad de construir un modelo equilibrado. Necesitamos equilibrar bien la actividad turística con la vida diaria de la ciudad. Necesitamos establecer un límite más allá del cual más turistas podrían causar más problemas a la ciudad.
¿Barcelona debería reducir el turismo?
Creemos que la ciudad ya ha puesto un límite. El principal instrumento es el PEUAT (Plan Urbanístico Privado de Alojamientos Turísticos), que ha permitido mantener un umbral de crecimiento estable en los últimos años.
Desde hace muchos años, en el mundo académico se habla del concepto de “capacidad de carga” turística, es decir, el número máximo de turistas que puede caber en un destino turístico. ¿Barcelona tiene una capacidad de carga fija?
Hoy en día, existe un consenso en la comunidad académica de que el concepto de «capacidad de carga» de una ciudad no tiene sentido. Quizás en el espacio natural tendría sentido. Pero en la ciudad la respuesta depende de los criterios de medición y de muchos factores. Otro concepto se utiliza ahora en la comunidad científica: “umbral de cambio aceptable”, es decir, qué transformación está dispuesta a realizar la ciudad a partir de la dinámica turística a través de la negociación, el consenso y la definición de umbrales. En Barcelona, el umbral no se fija académicamente para determinar el número máximo de turistas que puede recibir la ciudad, sino para incidir en la oferta. En la práctica, se decidió no aumentar la oferta de alojamiento para estabilizar la demanda.
Sin embargo, Barcelona recibe diariamente decenas de miles de personas que no pernoctan en el municipio: visitantes que llegan en autobús o tren desde otras zonas, cruceristas, etc. Hay que añadir gente que va a estudiar, a trabajar, al médico, etc. No se puede poner una puerta giratoria como en Venecia. ¿Cómo gestionar esto?
Estamos implementando varias medidas. Por ejemplo, la gestión inteligente de los autobuses, el medio de transporte más utilizado por los visitantes procedentes de zonas costeras. Creamos Bus 4.0, un programa para mitigar el impacto de los autobuses turísticos en el centro y mejorar su distribución. También estamos desarrollando una política urbana, en coordinación con los municipios vecinos, porque el fenómeno del turismo trasciende los límites municipales. La atención se centra ahora en la gestión del espacio urbano para mejorar la relación entre el turismo y la ciudad.
Hablemos de apartamentos turísticos. El alcalde de la ciudad anunció la cancelación de 10.000 licencias hasta 2028. ¿A qué se debe esta actitud tan restrictiva hacia este modelo de alojamiento?
Porque responde a un problema residencial, no turístico. El acceso a la vivienda es la mayor preocupación en las ciudades europeas. La ciudad hace un gran esfuerzo para dotar de vivienda pública a los barceloneses. En el contexto de la crisis inmobiliaria, no tiene sentido preservar la oferta de viviendas para uso turístico cuando sí lo necesitan los residentes. Las ciudades tienen que tomar decisiones radicales. Por este motivo, otros municipios del Área Metropolitana de Barcelona, donde hay dificultades para acceder a la vivienda, también fijan el límite de licencia en el 0%, primando el uso residencial.
Sin embargo, la Asociación de Apartamentos Turísticos de Barcelona (Apartur) señala que hay miles de casas en la ciudad que se utilizan para consultas médicas, oficinas, etc. Se trata de una oferta habitacional que no se utiliza como vivienda.
Sí, pero es muy difícil explicar al ciudadano, en el contexto actual, que mientras con mucho esfuerzo público y privado sacamos al mercado 2.000 nuevas viviendas anualmente y poco a poco vamos reduciendo el problema de acceso a la vivienda, al mismo tiempo hay 10.000 viviendas ocupadas por turistas. Las viviendas turísticas han sido un factor de impulso del turismo en la ciudad, pero la revocación de licencias responde a un problema habitacional.
¿Qué pasa con los cruceros?
La política turística de Barcelona incide especialmente en las tres «B», de las camas inglesas (beds), literas (cabañas) y autobuses (autobuses). En cuanto a los camarotes, hemos acordado con el Port de Barcelona reducir las terminales de cruceros de 7 a 5 de aquí a 2030, limitando progresivamente el número de cruceristas. Esto supone un descenso de 37.000 a 31.000 cruceristas. Se trata de una medida más de contención en la dinámica de adaptar las estrategias turísticas a las de la propia ciudad.
Hablemos de «EGAS», las 15 zonas de alto turismo creadas por el ayuntamiento. ¿De qué está hecho?
Cada EGA cuenta con unas 30 medidas para reducir la presión turística, mejorar la convivencia de uso y facilitar la movilidad. Por ejemplo, respecto al año pasado, hemos duplicado el número de agentes civiles que trabajan dentro de la EGA: su función es conciliar los diferentes usos que se dan en estos espacios, prevenir problemas e incidir en situaciones de riesgo civil. Por otra parte, intervenimos en el comercio dentro de los Espacios Económicos Europeos, promoviendo el comercio dirigido a la población, porque es necesario invertir el monocultivo en parte turístico de las tiendas. Otro ejemplo: la superficie de las terrazas está limitada en algunas zonas, como en Al Rambla, por lo que el ciudadano ve ese espacio como un espacio también de uso residencial. Otra medida destacable es el descenso del número de visitantes al Park Güell, ya que se ha limitado el acceso y se ha reducido el aforo de 4,5 a 4 millones de visitantes al año. La idea de EGA es reducir la presión y redistribuir los flujos hacia zonas menos populares.
¿Es posible redistribuir a los turistas fuera de Barcelona?
Depende del perfil. A los que vienen por primera vez no se les puede pedir que no vayan a ver la Sagrada Familia, pero para los que repiten (50% en Barcelona) podemos ofrecer alternativas. A través del programa “Barcelona Capital” potenciamos los viajes radiales (Montserrat, Camino del Císter, Penedès, Figueres) aprovechando que para un turista internacional una hora de viaje es poco tiempo.
¿Está creciendo la estancia media?
Sí, hemos detectado una tendencia a estancias más largas debido a tres factores: incertidumbre geopolítica (viajes más cercanos, pero con estancias más largas), aumento de la demanda de personas mayores (personas que tienen más tiempo y viajan más lento) y un aumento del coste del transporte. Esto es casi una regla matemática en turismo: cuando los precios de los billetes de avión suben, la distancia disminuye y la duración de la estancia aumenta porque, al ser más caro el transporte, la inversión realizada en el viaje debe amortizarse en el tiempo. No digo que las escapadas breves vayan a desaparecer en las ciudades europeas, pero sí convivirán con la creciente fusión de perfiles de viajeros de media y larga estancia, que nos interesa mucho.
En cuanto a la redistribución del turismo, ¿cómo prevén comunicar la oferta a los viajeros, especialmente a aquellos que no viajan con un operador turístico?
La tecnología jugará un papel clave. En junio lanzamos la plataforma This is Barcelona, que contiene información y productos muy personalizados, porque integrará inteligencia artificial. El objetivo es que cuando la IA busque contenidos para un turista, encuentre contenidos que hemos adaptado a sus preferencias. La plataforma permitirá reservas directas y reseñas.
¿Cuál es el objetivo final del ciudadano dentro de unos 5 años?
Que el residente vea el turismo como una fuerza positiva y un sector estratégico, y al mismo tiempo vea que esta actividad se integra armoniosamente con la vida cotidiana de la ciudad. Queremos que el ciudadano sea el héroe de la ciudad, y el turista un espectador respetado que no afecte al paisaje urbano ni al comercio.
