Dimitrios Buhalis, profesor del Centro de Investigación en Turismo y Hotelería de la Universidad de Bournemouth, no dejó lugar a dudas: “La aplicación de la IA hoy en día es como el sexo adolescente, donde todo el mundo habla de ello pero nadie sabe cómo utilizarlo… y todo el mundo piensa que todo el mundo lo está utilizando”. Ante este panorama, Buhalis reconoce que la situación le recuerda a 1997, «cuando irrumpió Internet, que transformó el acceso a la información, pero la inteligencia artificial lo hará con todo: la naturaleza de la inteligencia y la toma de decisiones. También cambiará las relaciones, porque ahora se convertirá en máquina-máquina». Pero, ¿cómo redefinirá la gestión de destinos?
La aplicación de la inteligencia artificial representa un punto de inflexión en la gestión de destinos, pero su impacto real depende de la integración de todo el ecosistema, como destaca el profesor Dimitrios Buhalis. Lejos de soluciones tecnológicas aisladas, el turismo inteligente requiere coordinación entre recursos, operaciones, planificación, mercado y tecnología para construir un sistema interconectado y eficaz.
El enfoque del turismo inteligente, según el profesor, se basa en una premisa clara: “La tecnología y la infraestructura son plataformas clave para gestionar el sistema turístico, pero no resuelven los problemas por sí solas”. En este contexto, la IA no sólo ayuda en la toma de decisiones, sino que puede adoptarse de forma autónoma mediante aprendizaje automático y análisis de big data, cambiando la lógica de gestión tradicional.
El profesor Dimitrios Buhalis de la Universidad de Bournemouth, en su presentación en la Convención ITB sobre cómo la aplicación de la IA afectará la gestión de destinos. Fuente: Hosteltor.
Este desarrollo afecta la experiencia del visitante y las operaciones internas. Los clientes utilizan dispositivos móviles equipados con aplicaciones capaces de personalización y comunicación en tiempo real, transformando la experiencia antes, durante y después del viaje. Los sistemas podrán recomendar actividades en función de los horarios disponibles o reconstruir entornos culturales a través de experiencias inmersivas, incluso en Metaversos.
Sin embargo, como destacó Buhalis, el verdadero cambio se produce en la gestión de destinos. La automatización trasladará parte del proceso de negociación y toma de decisiones de los humanos a las máquinas, generando nuevos desafíos para los gerentes de los sectores público y privado. La integración de la IA mejora el modelo centrado en el cliente y la personalización profunda, pero nos obliga a revisar los procesos, roles y relaciones dentro del ecosistema turístico.
La gestión de datos es clave
Para ser verdaderamente inteligente, un destino debe priorizar la gestión limpia de datos, la interoperabilidad y la automatización de decisiones. La calidad de los datos es la base sobre la que se construyen sistemas eficaces; Sin esto, las inversiones en tecnología se vuelven ineficaces. Por ello, su principal consejo a las organizaciones de gestión de destinos (OGD) es integrar a todos los actores –económicos, sociales y tecnológicos– y definir responsabilidades para generar una sinergia real.
El liderazgo se perfila así como un factor crucial para explicar esta transformación: «No basta con tener tecnología: lo que se necesita es desarrollo interno, conocimiento y redes colaborativas capaces de cocrear valor. La gestión inteligente pasa por optimizar las redes y analizar el big data para operar el destino como un ecosistema complejo».
Aunque desarrollos como la IA generativa o la futura IA cuántica aún se encuentran en sus primeras etapas, el horizonte apunta a sistemas capaces de razonamiento cognitivo y adaptación.
El futuro del turismo, concluye Dimitrios Buhalis, dependerá de “la capacidad de los destinos para integrar humanos y máquinas en espacios vivos y conectados, en una transformación que apenas ha comenzado pero que promete impactos profundos y duraderos”.
