Si algo apoya la conclusión de que el enoturismo ha dejado su papel de actor secundario para convertirse en una actividad económica no son sólo las sucesivas ediciones de FINE, sino los datos que ponen de relieve cómo se puede promocionar un destino en torno al vino. Por primera vez, hay datos que lo reflejan. Gergely Szolnocki, de la Universidad de Geisenheim (Alemania), presentó un informe que pone números a esta realidad global. Tras analizar más de 1.300 bodegas en 47 países, los datos son concluyentes: el 88% de ellas ya integran actividades enoturísticas. El estudio revela que este compromiso va más allá de la simple cata de vino; Es la completa diversificación de la oferta lo que genera rentabilidad directa. En las empresas vitivinícolas más avanzadas, el turismo aporta ya, de media, el 25% de la facturación total, lo que demuestra que recibir visitantes no es sólo una cuestión de imagen, sino una línea de negocio imprescindible para la salud financiera de la bodega. Este año 140 bodegas se dieron cita en la Feria Internacional de Enoturismo de Valladolid. Fuente: Feria de Valladolid El enoturismo como canal de flujos turísticos Por su parte, Ana Muñoz, directora general de Políticas Turísticas del Ministerio de Industria y Turismo, reforzó esta visión con los datos oficiales de la Encuesta Egator de 2025. El turismo gastronómico, donde el vino y la gastronomía son sus pilares, es un gran impulsor de viajes con cerca de medio millón de turistas internacionales. Muñoz destacó que ésta es la herramienta más eficaz para distribuir los flujos turísticos: el enoturismo atrae visitantes durante todo el año, permitiendo que meses como octubre -históricamente el más tranquilo- tengan una vibrante vida comercial, ayudando a combatir la estacionalidad que tanto preocupa al sector. Sostenibilidad y resistencia al cambio El enoturismo vive un bonito momento, pero sabe que debe adaptarse a los nuevos retos. Dada la tendencia mundial de disminución del consumo de vino, las bodegas han encontrado en el turismo un salvavidas necesario. Según el informe de la Universidad Geisenheim, el viajero actual busca autenticidad y sostenibilidad, valores que exigen la protección del paisaje y el medio rural como parte integral de la experiencia. Las bodegas que se han dado cuenta de esto resisten mucho mejor la atracción del mercado, ofreciendo una inmersión en la cultura y el terruño que va mucho más allá de lo que hay dentro de la botella. La digitalización es la clave del éxito La forma en que viajamos ha cambiado radicalmente. Si una bodega no puede gestionar reservas en tiempo real desde el móvil, será invisible para el mercado global. El perfil del visitante, de entre 25 y 44 años, requiere ritmos y experiencias a medida. Por ello, la digitalización ha pasado de ser una opción tecnológica a una necesidad básica para la supervivencia. Hoy la eficiencia en este punto es lo que separa a las empresas que lideran el mercado de aquellas que, a pesar de tener un excelente producto, no logran conectar con el viajero moderno que llega desde cualquier parte del mundo. Un sector que mira al futuro Según Alberto Alonso, director general de Feria de Valladolid, el espacio FINE nace este año “como una plataforma de negocio donde se encuentran oferta y demanda, un espacio que arranca con más de 2.000 entrevistas programadas”. El crecimiento de la feria, que ya dio el salto internacional a Italia y se está considerando su llegada a Estados Unidos, es un reflejo de una industria que nunca deja de innovar. En esta edición el oleoturismo ha ganado protagonismo como “aliado natural” del vino, enriqueciendo la oferta turística nacional. De hecho, según Szolnoki, el futuro del enoturismo es “brillante”, basándose en las expectativas de las bodegas de incluir experiencias turísticas en el corto y medio plazo.
